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¡Brrr! ¡Es una fría mañana de invierno! ¿El remedio? Una taza de café caliente para derretir esos dedos helados y prepararte para una rápida sesión de estudio de fisiología. Pero darle un sorbo a tu ...
Leer más¡Brrr! ¡Es una fría mañana de invierno! ¿El remedio? Una taza de café caliente para derretir esos dedos helados y prepararte para una rápida sesión de estudio de fisiología. Pero darle un sorbo a tu taza de café caliente no es tan sencillo. Aunque tal vez nunca lo hayas pensado, esta pequeña tarea implica una compleja sinfonía de millones de neuronas que se activan una tras otra por todo tu sistema nervioso. Verás, antes que nada, primero tienes que ver esa taza de café, luego reconocerla, después decidir qué hacer con ella y, finalmente, responder con la acción adecuada: tomarla y darle un buen sorbo. A estos pasos se les conoce como sensación, integración y respuesta.
Podemos entender esta interesante sinfonía como las divisiones funcionales del sistema nervioso.
El sistema nervioso se puede dividir según dos clasificaciones principales: estructural y funcional. La clasificación estructural describe la organización y las diferentes partes del sistema nervioso según su ubicación anatómica. Tiene dos divisiones principales: el sistema nervioso central, que abarca el encéfalo y la médula espinal, y el sistema nervioso periférico, que abarca básicamente todo lo demás.
Para abordar el sistema nervioso de forma diferente, también podemos describirlo según sus funciones. Estas generalmente se dividen en tres categorías o divisiones principales: sensación, integración y respuesta.
Antes de tomar esa taza de café, la ves. Esto marca el paso inicial en la vía sensación-respuesta. Luego, al tomar la taza, sientes su calor contra tus manos frías. Esto forma parte de la división sensorial, también conocida como sistema nervioso sensitivo o aferente. La sensación implica la excitación de los receptores sensitivos por estímulos del entorno interno y externo, seguida de la transmisión de esta información al sistema nervioso central para su procesamiento.
Un receptor es una molécula, generalmente una proteína, que recibe y transduce estímulos que se convierten en señales eléctricas.
Existen varios tipos de receptores específicos para diferentes tipos de sensaciones. Por ejemplo, los fotorreceptores responden a la luz, mientras que los nociceptores detectan estímulos potencialmente dañinos o nocivos, que a menudo provocan dolor. También existen los termorreceptores que, como su nombre lo indica, responden a los cambios de temperatura.
Los estímulos sensitivos se transmiten por la división aferente del sistema nervioso periférico, lo que significa que la sensación se transmite hacia el sistema nervioso central. Según su origen y el tipo de información que transmiten, las señales sensitivas o aferentes pueden clasificarse en somáticas, viscerales y especiales.
La división sensitiva somática está formada por neuronas que transportan señales generalmente asociadas con las sensaciones del tacto, la temperatura, el dolor y la posición corporal desde varias partes del cuerpo, como músculos, huesos, piel y articulaciones, transportando señales como "ay, este café está muy caliente", "algo se deslizó sobre mi pie", o saber que tus manos están delante de tu cara incluso cuando tienes los ojos cerrados.
La división sensitiva visceral comprende neuronas que transmiten señales desde órganos internos como los pulmones, el estómago, la vejiga urinaria y cualquier otro órgano interno imaginable. Nos referimos a sensaciones como "tengo la vejiga llena" o "he cenado demasiado".
Los receptores de la división sensorial especial están ubicados en órganos específicos como la cavidad bucal, la nariz, los ojos y los oídos, y transmiten información sensorial más especializada sobre los sentidos especiales: la ubicación de la taza de café, el sabor del espresso, el olor de la cafetería, el sonido del molinillo del café y tu habilidad para equilibrar el cuerpo mientras caminas hacia el mostrador de café.
Notarás que algunas fuentes de la literatura enumeran alternativamente los sentidos especiales de la vista, el oído, el equilibrio y el olfato como componentes de la división sensitiva somática, mientras que el gusto pertenece a la división sensitiva visceral; esto hay que mencionarlo por si acaso te encuentras con esta clasificación alternativa en algún punto.
Estas son las tres divisiones principales de la sensación. Pasemos a la integración.
Una vez que hemos visto la taza de café, las neuronas del encéfalo se encargan de filtrar y procesar esta información para crear una imagen coherente y responder adecuadamente. Este proceso se denomina integración. En general, existen tres tipos de integración según sus diferentes niveles: los niveles medular y encefálico inferior, que corresponden al nivel inferior, y egFl nivel encefálico superior, correspondiente al nivel superior. En resumen, la integración ejecutada por niveles medular y encefálico inferior ocurre principalmente en el tronco encefálico, el cerebelo y ciertas estructuras como la médula espinal, así como el hipotálamo y el cuerpo amigdalino. Estos procesos gestionan actividades subconscientes como mantener el equilibrio, coordinar el movimiento, la respuesta emocional básica y regular funciones corporales fundamentales como la temperatura, el hambre y la respiración.
Los procesos integrativos ejecutados por el nivel encefálico superior, por su parte, ocurren principalmente en la corteza cerebral e involucran el pensamiento crítico, la toma de decisiones, la evocación de experiencias pasadas y las funciones ejecutivas como la planificación y la atención. Estos procesos contribuyen al razonamiento lógico y la conducta orientada a objetivos.
Intenta imaginar la integración como un avión que viaja por los cielos de la vida, ay, ya me puse bien romántico. Bueno, la computadora de gestión de vuelo representa procesos integrativos ejecutados por los niveles medular y encefálico inferior, responsables de decidir las tareas rutinarias básicas para mantener el avión en rumbo y su estabilidad mediante el control de altitud, la regulación de la velocidad y la navegación básica, similar a cómo las partes inferiores del encéfalo funcionan para mantener las funciones corporales básicas, esenciales para la supervivencia sin esfuerzo consciente.
Pero mientras la computadora de gestión de vuelo funciona para mantener la fluidez del avión, el piloto interactúa activamente con el entorno y toma decisiones basadas en una comprensión más amplia de la situación. Puede desviarse de la ruta predeterminada, responder a desafíos imprevistos y tomar decisiones estratégicas para garantizar la seguridad general de la aeronave, de la misma manera que nuestros procesos integradores del nivel encefálico superior evalúan el entorno que nos rodea, moldean nuestras respuestas y garantizan la adaptabilidad.
Por fin amigos, llegó el momento que todos estábamos esperando: la respuesta motora, para finalmente tomar, oler y saborear esa taza de café calientito. Mmm...
La división motora o eferente consta de neuronas eferentes que transportan señales desde el encéfalo a estructuras diana conocidas como efectores para crear las respuestas generadas por los procesos integrativos. La eferencia neuronal se considera con mayor frecuencia en el contexto del movimiento o el control motor; por ejemplo, la contracción del músculo esquelético de la extremidad superior para llevar la taza de la mano a la boca. Sin embargo, las eferencias neuronales también incluyen otras señales como el control glandular, que estimula las glándulas exocrinas y endocrinas para que liberen sustancias, controlando así la salivación que se produce en la boca al oler el café.
Al igual que la división sensitiva, la división eferente o motora también puede clasificarse en dos categorías principales: la división motora somática y la división motora visceral. La división motora somática comprende a las neuronas encargadas de transmitir señales a los músculos esqueléticos, generalmente bajo control consciente; por ello, a menudo se denomina división motora voluntaria.
En contraste, la división motora visceral, más comúnmente conocida como sistema nervioso autónomo, regula funciones como la secreción glandular, las contracciones del músculo liso en las paredes de los órganos y la regulación de las contracciones del músculo cardíaco. Transporta constantemente señales que resultan en ajustes involuntarios y precisos en los órganos de todo el cuerpo, basándose en las señales transmitidas por su contraparte, el sistema sensitivo visceral. Comprende dos partes fisiológicamente distintas y mutuamente antagónicas: los sistemas nerviosos simpático y parasimpático.
El sistema nervioso simpático corresponde al mecanismo de lucha o huida, que prepara tu cuerpo para una actividad física rápida e intensa, generalmente como respuesta al estrés o al miedo, mientras que el sistema nervioso parasimpático es contrario a este: tu compañero tranquilo, relajado y de descanso que promueve actividades que ocurren cuando el cuerpo está en reposo o durante situaciones no estresantes.
Así que esas son las tres partes de las divisiones funcionales del sistema nervioso, ¡hagamos un rápido repaso! ¿Ok?
La sensación implica la estimulación de receptores en todo el cuerpo y la transmisión de señales sensitivas o aferentes al sistema nervioso central. Estas señales pueden ser de naturaleza somática, visceral o sensorial especial. Posteriormente, se integran mediante procesos integrativos de diferentes niveles: medular, encefálico inferior y encefálico superior, que interpretan toda esta información y toman decisiones sobre qué hacer o no a continuación, lo que da lugar a respuestas que involucran señales eferentes o motoras que actúan sobre nuestros efectores. Estas respuestas, a su vez, pueden clasificarse como de naturaleza somática o visceral.
Y antes de que nuestro café tuviera tiempo de enfriarse, logramos aprender las divisiones funcionales del sistema nervioso.
¡Adiós por ahora! Y feliz estudio.