Estás mirando una vista previa. Suscríbete a Premium para acceder al video completo: Visión general de la organización estructural del cuerpo humano.
¡Nuestros cuerpos son como unas máquinas maravillosas! Nos ayudan a correr, jugar, crear ideas, resolver problemas, disfrutar de la comida y la música. Todo esto es gracias a que nuestros órganos ...
Leer más¡Nuestros cuerpos son como unas máquinas maravillosas! Nos ayudan a correr, jugar, crear ideas, resolver problemas, disfrutar de la comida y la música. Todo esto es gracias a que nuestros órganos trabajan juntos en armonía. Como todo en el universo, también estamos formados por pequeñas partículas llamadas átomos. Pero, ¿cómo es que pasamos de ser átomos diminutos a seres humanos completamente funcionales?
Eso es lo que aprenderemos en este videotutorial sobre la organización estructural del cuerpo humano. Super pendiente, ¿eh?
Estructuralmente, el cuerpo humano se puede organizar en seis niveles. Los átomos y las moléculas forman el nivel más pequeño, el nivel químico de organización. Las moléculas se organizan para formar orgánulos y células, y las células, a su vez, se unen para formar tejidos. Los tejidos se combinan para formar órganos y los órganos trabajan entre sí para formar un sistema de órganos. El nivel más alto de organización es el de organismo, en el que todos estos sistemas de órganos trabajan juntos para garantizar que la máquina de nuestro cuerpo funcione correctamente. Poco a poco vamos subiendo y llegamos a nuestro cuerpo.
Veamos estos niveles de dos en dos, empezando por los niveles de organización químico y celular.
Químicamente, nuestros cuerpos están formados por materia, la cual consta de elementos. ¿Recuerdas la tabla periódica de tus clases de química? ¡Dios mío, ayúdanos, jaja! Los elementos de esa tabla conforman la constitución química de nuestros cuerpos. La mayor parte del cuerpo está formada por cuatro elementos principales, que son el oxígeno, el carbono, el hidrógeno y el nitrógeno. Hay otros elementos presentes en proporciones menores, aunque no menos importantes, como el calcio en los huesos, o el tan importante sodio y el potasio para que las neuronas puedan conducir los impulsos, así como el fósforo y el magnesio, bueno ya lo entiendes, entre otros.
Los elementos están compuestos por átomos, que a su vez están formados por partículas subatómicas como protones, neutrones y electrones. Sin embargo, el átomo es la unidad más pequeña del elemento que aún conserva sus propiedades únicas. Los átomos se unen para formar moléculas. Esta combinación puede incluir átomos del mismo elemento, como dos átomos de hidrógeno que forman una molécula de hidrógeno, o átomos de diferentes elementos, como el hidrógeno y el oxígeno que forman el agua.
El cuerpo incluye compuestos inorgánicos como el agua, sales como el cloruro de sodio, ácidos y bases, así como compuestos orgánicos tales como carbohidratos, lípidos, proteínas y ácidos nucleicos. Estas macromoléculas se organizan para formar los orgánulos de una célula.
La célula es la unidad estructural y funcional de todos los seres vivos. Funciona como una pequeña fábrica en la que todos los orgánulos realizan funciones específicas en sus respectivos departamentos. No todas las células del cuerpo tienen el mismo aspecto ni funcionan de la misma manera, pero, en general, la mayoría presentan un núcleo, membrana plasmática, mitocondrias, retículo endoplasmático, aparato de Golgi, lisosomas, peroxisomas y estructuras del citoesqueleto.
La estructura y apariencia de una célula usualmente dependen de su función. Por ejemplo, los glóbulos rojos que transportan oxígeno a los tejidos no tienen núcleo. Las células del músculo esquelético, que necesitan mucha energía para contraerse, tienen un gran número de mitocondrias. Y así con otras células, por ejemplo las neuronas, que transportan información por todo el cuerpo, tienen procesos largos conocidos como axones. ¿Tiene sentido, no?
Cuando células similares se combinan para realizar su función específica, forman tejidos. Esto nos lleva a los dos niveles siguientes: los niveles de organización de tejido y de órgano.
Hay cuatro tipos principales de tejido en el cuerpo: epitelial, conectivo, muscular y nervioso.
El tejido epitelial incluye células epiteliales que tienen diversas funciones. Algunas de estas son la protección contra el ambiente externo, por ejemplo la piel al cubrir la superficie del cuerpo; la secreción de sudor, moco y hormonas por las glándulas; y la absorción de nutrientes y agua en órganos como el estómago y el intestino delgado.
El segundo tipo de tejido es el tejido conectivo, que conecta las células y los tejidos. Esto es importante para el soporte. Los tipos especiales de tejido conectivo, como los huesos, los tendones y los cartílagos, son esenciales e importantísimos para la locomoción. Otros, como el tejido adiposo, sirven como amortiguadores y almacenan energía. Las células sanguíneas, como vimos anteriormente, también forman parte del tejido conectivo, ya que transportan oxígeno a los tejidos.
El tejido muscular es el que hace que nuestras extremidades se muevan. Esto se debe a la contracción de las células musculares que pertenecen al músculo esquelético. Pero eso no es todo. El tejido muscular también incluye el músculo cardíaco para la contracción del corazón, que bombea sangre a los vasos sanguíneos; y el músculo liso de las paredes de los órganos huecos, como el tracto digestivo, que impulsa los alimentos mediante un proceso conocido como peristaltismo.
El último tipo de tejido es el tejido nervioso, que se encuentra en el encéfalo, la médula espinal y los nervios. Este incluye las neuronas, que transportan información rápidamente por todo el cuerpo, y las células gliales, que sostienen a las neuronas y mantienen el entorno fuera de las células.
Cuando dos o más tipos de tejido se combinan, forman órganos como el corazón, los riñones, los pulmones y el estómago. A ver, un ejemplo.
En esta imagen de la pared del estómago, podemos ver el tejido epitelial recubriendo la superficie con glándulas, el tejido conectivo que proporciona soporte debajo y el tejido muscular con músculos lisos necesarios para el peristaltismo. Todos juntos forman un órgano: el estómago.
Pero los órganos no trabajan solos. ¡Trabajan en equipo como sistemas de órganos! Veamos ahora los últimos dos niveles de organización: de sistema y de organismo.
Hay 11 sistemas de órganos en el cuerpo humano. Aprendamos un poco sobre cada uno de ellos comenzando por el más grande, el sistema tegumentario. Este incluye la piel y sus anexos, como el pelo, las uñas y las glándulas sebáceas y sudoríparas. Al recubrir la superficie del cuerpo, este sistema es esencial para la protección, ya que forma una barrera y es nuestra primera línea de defensa contra los gérmenes del exterior.
Nuestra piel es necesaria para la regulación del agua y la temperatura corporal a través de nuestras glándulas sudoríparas. También desempeña un papel importante en la síntesis de vitamina D mediante los rayos ultravioleta del sol. Debajo de la piel, tenemos músculos y huesos.
Los huesos y las articulaciones forman el sistema esquelético. Aparte de, obviamente, la necesidad de soporte y locomoción, los huesos también almacenan calcio y participan en la síntesis de glóbulos rojos. Los músculos esqueléticos trabajan con los huesos para permitir el movimiento y forman el sistema muscular.
El movimiento y muchas otras funciones están controlados por nuestro sistema nervioso, siendo el centro de control, que incluye el encéfalo, la médula espinal y los nervios. Este sistema percibe la información sensitiva, la procesa y genera respuestas motoras y glandulares, y además regula los órganos de otros sistemas, como el corazón y los pulmones. Nuestro encéfalo también es esencial para las capacidades cognitivas superiores, como el aprendizaje, el lenguaje y la memoria.
Otro sistema que regula las funciones del cuerpo es el sistema endocrino, que incluye órganos como la glándula hipófisis, las glándulas tiroides y paratiroides, las glándulas suprarrenales, entre otras. Estos órganos utilizan mensajes químicos conocidos como hormonas para producir sus efectos en todo el cuerpo. Regulan el metabolismo, el crecimiento y la reproducción.
Nuestro sexto sistema es el sistema respiratorio, que incluye la nariz, la faringe, la laringe, el árbol bronquial y los pulmones. Este sistema realiza la importante función de intercambiar gases, permitiendo que el oxígeno del aire entre en el torrente sanguíneo y elimine el dióxido de carbono. Funciona junto con el sistema cardiovascular, que incluye el corazón y los vasos sanguíneos.
El corazón es la bomba muscular que impulsa la sangre hacia los vasos, y a su vez, los vasos sanguíneos transportan la sangre por todo el cuerpo, no solo suministrando oxígeno y nutrientes a los tejidos, sino también eliminando el dióxido de carbono y los desechos.
Otro conjunto de vasos en el cuerpo son los vasos linfáticos, que junto con órganos como el timo, los ganglios linfáticos y el bazo forman el sistema linfático. Este sistema devuelve el exceso de líquido de los tejidos a la circulación sanguínea y también alberga células importantes que son necesarias para la inmunidad: nuestros glóbulos blancos o leucocitos.
Nuestro noveno sistema es el sistema digestivo. Comenzando por la boca, este sistema incluye el esófago, el estómago, el intestino delgado, el intestino grueso y el canal anal. También incluye órganos accesorios como el hígado, la vesícula biliar y el páncreas, que ayudan en el proceso de digestión de los alimentos. Este sistema garantiza la absorción de agua y nutrientes, el mantenimiento del equilibrio de líquidos y electrolitos, y la eliminación de productos de desecho del cuerpo.
Otro par de órganos que participan en la gestión de los desechos son los riñones, que forman el sistema urinario junto con los uréteres, la vejiga urinaria y la uretra. Eliminan los desechos metabólicos de la sangre en forma de orina y son importantes para el equilibrio del agua, los electrolitos y los ácidos y bases en el cuerpo.
Y, finalmente, llegamos a los sistemas reproductores masculino y femenino. El sistema reproductor masculino incluye órganos como el pene, la próstata, las glándulas seminales y los testículos, mientras que el sistema femenino incluye la vagina, el útero, las tubas uterinas o trompas de Falopio y los ovarios. Estos sistemas sintetizan hormonas y forman gametos, es decir, los espermatozoides y los óvulos para la reproducción. El embrión, y más tarde el feto, crece, se desarrolla y recibe nutrientes en la cavidad uterina.
La interacción de estos 11 sistemas da como resultado una máquina que funciona a la perfección: el organismo. Así, paso a paso, hemos construido un organismo a partir de un átomo, un proceso que implica seis niveles progresivamente más grandes. Impresionante, ¿no?
Así que la próxima vez que salgas a correr o a jugar, fíjate en cómo cambia tu respiración, tu corazón late más rápido y tus músculos se contraen. Todo ello nos recuerda cómo estos sistemas funcionan a la perfección para ayudarnos a vivir nuestras vidas.
No te olvides de seguir ampliando tus conocimientos sobre el cuerpo humano con nuestras unidades de estudio y cuestionarios en Kenhub. ¡Hasta la próxima y feliz estudio!